Fin de curso TÉCNICOS SOCIOSANITAROS

HEMOS  CERRADO HOY EL CURSO “ATENCIÓN SOCIOSANITARIA A PERSONAS DEPENDIENTES EN INSTITUCIONES SOCIALES” DE CRUZ ROJA EN MADRID 2017.

ESTA ES MI PEQUEÑA APORTACIÓN PARA PROMOVER UNA SOCIEDAD MÁS INCLUSIVA DONDE LAS DIFERENCIAS SEAN LO “NORMAL” Y LA ATENCIÓN A LAS PERSONAS DEPENDIENTES UN DERECHO.

LAS PERSONAS CON DIVERSIDAD FUNCIONAL O DEPENDIENTES, TAMBIÉN SON CIUDADANOS DE PLENO DERECHO. QUE NO RESTAN NI SON UNA CARGA, SINO QUE SUMAN Y CONTRIBUYEN A LA SOCIEDAD.

NO EXISTEN PERSONAS NORMALES PUESTO QUE NADIE ES IGUAL QUE NADIE.

ENTONCES…..SI NO EXISTEN PERSONAS PERFECTAS, TAMPOCO ALGUIEN PUEDE SER IMPERFECTO.

LA REALIDAD ES MÁS SENCILLA,

SIMPLEMENTE ¡SOMOS DIFERENTES!.

TENEMOS DERECHO PUES, A SER ÚNICOS E IRREPETIBLES.

HACER UNA SOCIEDAD MÁS JUSTA, IGUALITARIA Y SOLIDARIA DEPENDE DE CADA UNO DE NOSOTROS Y SE CONSTRUYE GRACIAS A LOS PEQUEÑOS GESTOS DEL DIA A DIA.

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Estrés postvacacional

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El síndrome postvacacional es un término surgido de manera popular que hace referencia al proceso de estrés que tenemos que afrontar tras las vacaciones, para readaptarnos de nuevo a las obligaciones laborales (o escolares) y al cambio de estilo de vida que supone.

Se suele producir en la primera semana de vuelta al trabajo, y suele ser pasajero; si dura más de 15 días habría que estudiar las causas más profundas que originan esa situación.

La readaptación a la vida laboral después de las vacaciones incluye cambios de horarios, de obligaciones y de estilo de vida en su conjunto.

El cambio de hábitos suele exigir un esfuerzo. Esto puede suponer un aumento de ansiedad, ante la posibilidad de hacerlo mal, de fallar o de obtener un resultado negativo o al cúmulo de tareas que se ha originado durante el tiempo de ausencia, por eso el rendimiento, la motivación o el interés en los primeros días pueden ser un poco más bajos de lo habitual.

La planificación es muy importante para volver a incorporarse a la rutina. Cuando volvemos al trabajo hay que saber que no somos “superhéores”, por lo que debemos darnos un tiempo de adaptación.

Para superar el estrés postvacional, así como para prevenir las consecuencias negativas del estrés en general pueden seguirse una serie de cuidados que vamos a resumir a continuación:

  • Empezar de manera gradual con la intensidad del trabajo, de menos a más intensidad, intentando comenzar por las tareas más gratas.
  • Trata de recuperar tus hábitos cotidianos para que tu cuerpo comience a regular su ritmo. Evita sobrecargarte de responsabilidades los primeros días.
  • No “llevarse trabajo a casa”.
  • No esperes rendir como lo haces habitualmente, debes trabajar paulatinamente y asumiendo tareas de forma progresiva. Organízate lo más que puedas durante estos días.
  • Seleccionar aquellas actividades que podemos llevar a cabo, y delegar aquellas para las que no estamos tan preparados.
  • Ten hábitos de  sueño adecuados; duerme más horas y acuéstate más temprano.

Haz que tu vida cotidiana te haga feliz; las vacaciones no son los únicos días en lo que puedes descansar. Durante la semana encuentra momentos en los que puedas hacer tus actividades favoritas.

6 IMPULSORES DE VIDA

Actuar de forma automática. Ser reactivos ante lo que nos sucede, puede tener un coste emocional. Existen creencias que nos dirigen hacia a la acción de una manera rígida y no adaptada a la situación. Ser consciente de nuestras creencias puede ayudarnos a tomar las riendas de lo que nos sucede y permitirnos elegir la manera en que realmente queremos actuar en vez de  hacerlo como un robot y sin control.

Tabai Kahler  y Hegdes Capers, crearon una teoría al observar que algunas creencias adquiridas en la infancia mediante la relación con nuestros padres, aunque movilizaban a las personas, también les generaban malestar. A estas creencias las llamaron impulsores. Éstos actúan  como mini guiones de vida (así los llamaron inicialmente). Los autores identificaron seis: “sé perfecto”, “sé complaciente”, “esfuérzate”, “sé fuerte”, “ten cuidado” y “date prisa”. No todos ellos están presentes en todas las personas ni tienen la misma intensidad.

El impulsor nos hace sacar a la luz a nuestro crítico interno pudiendo promover que nos sintamos mal. Detectarlos nos ayudará a no comportarnos como autómatas. A ser consciente que en ocasiones pueden estar en la base de algunos comportamientos contraproducentes. Cada impulsor esconde una prohibición y por eso nos hacen sentirnos mal.

Las personas que perciben la vida bajo el impulsor “sé perfecto dedicarán mucho tiempo a buscar la perfección, puede ser habitual que no se sienta satisfecho con la situación presente porque siempre habrá algo o alguien mejor. Podemos estar hablando de personas perfeccionistas, con elevada insatisfacción y en niveles elevados personas intolerantes e intransigentes.

Si el impulsor es sé complaciente la persona suele ocultar sus propias necesidades para enfocarse en las de las otras personas. Suelen anteponer las necesidades de los demás a las suyas, y esto hace que se dediquen a realizar cosas para otros en vez de llevar a cabo las acciones que les conducen a sus objetivos. Se suelen cargar de trabajo por querer decir si a todo el mundo, sin dar prioridad a su tiempo y sus objetivos.

Si el impulsor es esfuérzate la persona adopta una postura de permanente esfuerzo, como si lo que no costara esfuerzo no fuera valioso o mereciese la pena. Suelen hacer muchas cosas por el mero hecho de hacer, sin priorizar, sin criterio, sin vinculación al objetivo y en muchos casos sin pensar en el sentido que tiene hacerlas. No planifican las actividades, se ponen objetivos poco claros y suelen querer hacer muchas cosas que luego no pueden cumplir. Para ellos el mérito está en intentarlo y esforzarse, aunque el resultado sea mediocre y esa es la medida de valoración que tienen sobre los proyectos y las personas.

Si el impulsor es sé fuerte estamos ante una persona que no se atreverá a mostrar su vulnerabilidad y llevará una máscara de dureza tanto con los demás como consigo mismo/a. Es muy probable que estemos hablando de personas muy disciplinadas y con poca flexibilidad. Pedir ayuda sería un síntoma de debilidad. Suelen ser personas autosuficientes que se cargan con mas trabajo del que pueden y a quienes les cuesta delegar, lo cual puede acarrearles problemas de salud, así como no cumplir con todo lo que asumen o hacerlo de forma poco excelente.

Si el impulsor es date prisa la persona llenará su agenda totalmente y lo habitual es que llegue tarde a muchas de sus citas. Quiere aprovechar al máximo el tiempo, no estará tranquilo/a ni un rato por lo que se sentirá cansado/a de manera habitual. Cometer errores por ir deprisa les hace tener que rehacer los trabajos varias veces, lo que supone pérdidas de tiempo que les impiden hacer otras cosas más importantes.

“Ten cuidado”, el mundo es peligroso:  Las personas con un nivel alto de este impulsor tienden a ser excesivamente cuidadosas y recelosas. Se preocupan por todo en exceso, ven peligros por todas partes. Cualquier fallo o error, y cualquier revés es para ellos transcendental y puede suponer el declive de todo. Esto les lleva a ser indecisas, a procastrinar a no pasar a la acción. Les cuesta colaborar y compartir porque no se fían y piensan que se van a aprovechar de ellas.

Lo más interesante de esta idea es que para evitar que los impulsores controlen nuestra vida, suelen utilizarse los llamados ‘PERMISORES’, creencias que, al contrario que los impulsores, pueden ser llevados al extremo sin ocasionar efectos negativos en nuestra salud física y emocional.

Para combatir al impulsor ‘sé perfecto’, pueden utilizarse permisores como ‘acepta que cometes errores’, ‘aprende de tus errores’ o ‘puedes permitirse fallar’. De esta manera, aceptas que no eres perfecto (ni puedes llegar a serlo) y que los errores no son malos porque nos permiten aprender.

Para combatir al impulsor ‘sé fuerte’, podemos decirnos a nosotros mismos que ‘acepto mis sentimientos (buenos o malos)’, permitiéndome expresarlos frente a los demás sin buscar su aprobación. Hay que recordar que al manifestar ira o tristeza frente a los demás no es síntoma de debilidad, sino de que somos personas que en ocasiones podemos ser vulnerables pero que en otras podemos apoyarnos en el afecto y comprensión de los demás. No somos máquinas que expresan solo emociones positivas.

Para combatir el impulsor ‘complace a los demás’ podemos recurrir a creencias que fomenten nuestra autoestima: ‘me quiero’, ‘me gusta cómo voy hoy vestido’ o ‘esa persona me ha mirado porque le intereso’. Evitando buscar la aprobación externa.

Para combatir al impulsor ‘date prisa’, debemos reducir nuestra ambición personal/profesional y saber priorizar. Pensamientos como ‘esto no es tan importante como para terminarlo ahora’ o ‘solamente voy a hacer ahora lo estrictamente prioritario’ nos permiten reducir nuestra carga de trabajo diaria y el estrés.

Y para combatir el impulsor ‘esfuérzate’, hay que intentar modificar nuestras expectativas que alimentan a nuestro ego (grandes metas que soñamos alcanzar algún día), saber crear y mantener pequeñas metas (y no objetivos imposibles de cumplir) y saber acabar aquello que se empieza.

En conclusión, importante que seamos conscientes del tipo de dialogo interno que mantenemos habitualmente con nosotros mismos para frenarlos o modificarlos hacia nosotros actitudes respetuosas y  flexibles que nos ayuden a afrontar los retos y las dificultades de cada día. Ser amables y comprensivos con nosotros nos ayudará a ser más felices. Cuando uno se aferra a una idea de forma  inflexible eso puede generarnos malestar por eso debemos revisar nuestros impulsores.

¿Con cual o cuales te identificas tu?

 

 

 

APRENDER A CAER, PARA PODER VOLAR

Los que practicamos deportes de riesgo aprendemos desde muy pronto a caernos adecuadamente. Ésta es una parte muy importante del aprendizaje, porque sabemos que para poder progresar y superarnos a nosotros mismos tendremos que afrontar esas situaciones sin miedo y manteniendo el autocontrol en todo momento.

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Pero fracasar, o “caerse”, sigue siendo un estigma. Culturalmente nos educan para sentir desprecio, o indiferencia, que es aún peor, por aquellos que no son capaces de tener los éxitos sociales y profesionales esperados. Una tendencia que se agudiza en un mundo cada vez más global y competitivo.

Esto hace que sintamos miedo de fracasar y que, en ocasiones, dejemos de hacer lo que deseamos por temor a decepcionarnos y sentirnos mediocres. Estas conductas evitativas nos alejan de quien queremos ser y de cómo queremos vivir.

La única forma de aprender y mejorar es caerse, perder el miedo a equivocarse y aceptar la posibilidad de que las cosas no salgan como deseamos.

Cuando miramos atrás, solemos arrepentirnos de las decisiones tomadas porque nos gusta fantasear con la bondad de las opciones que no elegimos. Así fantasea nuestra mente de forma irracional, pero esto no es más que una distorsión de la realidad, un análisis demasiado simple e imperfecto de lo que conlleva vivir, tomar decisiones o asumir riesgos.

Nadie se atrevería a iniciar un nuevo reto en el que puede fallar, si cree que no puede permitirse  errar. Por eso el miedo al fracaso paraliza nuestras vidas.

Sin embargo fracasar puede también motivar al esfuerzo y fortalecer la resistencia. El fracaso nos ayuda a desarrollar tolerancia a la frustración.  Tal vez, sea mejor fracasar que vivir frustrado.

El fracaso significa remover todas las capas de lo intrascendente porque cuando fracasas te liberas de tu mayor temor y es así como tocar fondo puede ser la base sólida en la que construir una vida.

No podemos olvidarnos que es imposible vivir sin fallar, si lo hacemos, si intentamos no fallar en nada, entonces viviremos con tanto cuidado que entonces no viviremos del todo.

El fracaso puede darte la fuera necesaria, te enseña que puedes sobrevivir. Puede ayudarte a conocerte a ti mismo y darte cuenta de tu fuerza interior. Incluso puede ayudarte a darte cuenta de que tienes amigos y personas que te quieren.

La vida es difícil y compleja. Reconocerlo nos permitirá afrontar cualquier adversidad y permitirnos equivocarnos.

Si uno teme todo el tiempo fracasar, ha focalizado su atención en la dirección equivocada. Hay que cambiar ese punto de vista y redirigir la mirada hacia el éxito, considerando el fracaso no como un obstáculo, sino como parte del camino. En la vida, -dice Maxwell- no es importante saber si tendremos problemas, sino, si tendremos la capacidad de hacerles frente y de superarlos.

¡Recuerda que la fórmula del éxito en cualquier actividad consiste en levantarse una vez más de las que uno cae! N+1=Éxito

“Lo que logramos internamente, cambiará nuestra realidad externa”   Plutarco

Bibliografía recomendada :”El lado positivo del fracaso” de John C. Maxwell.

6 TÉCNICAS PARA AYUDAR A TU HIJO A DOMINAR LA IRA

¡VAMOS A ENSEÑAR A VUESTRO HIJO A MANEJAR EL ENFADO!

 El enfado es una emoción básica que sentimos todos. Sin embargo, cuando se pierde el control, el enojo se vuelve destructivo. ¿Cómo ayudar a los más pequeños a gestionar esta emoción? A CONTINUACIÓN TE DOY ALGUNAS IDEAS PRÁCTICAS:images

1)“Tiempo fuera” positivo: Consiste en crear un lugar especial dentro de la casa, al cual el niño/a pueda recurrir para calmarse y volver a su centro cuando se sienta alterado o fuera de control. Este lugar debe ser escogido y decorado en conjunto con el niño/a y debe contener elementos que lo inviten a relajarse y a sentir paz, como, por ejemplo: libros, música, juguetes, hojas y colores para dibujar, una pizarra, peluches, plastilina, etc.

2) Ofrecer un abrazo y contención: El amor y el contacto afectuoso producen oxitocina, una hormona que regula las emociones estresantes y proporciona bienestar. Así que para aplicar esta técnica de forma respetuosa y que realmente funcione, sugiero preguntar antes al niño/a si un abrazo le ayudaría a calmarse o si prefiere usar otra herramienta.

3) Fabricar una bolita antiestrés:  Solo tienes que conseguir un globo grueso (o tratar de meter uno dentro de otro) y rellenarlo con alpiste o arroz. Ten en cuenta que el tamaño de la pelotita debe ser el adecuado para que quepa en la palma de la mano de tu hijo/a. Pueden pintarle caritas con plumones indelebles y hasta ponerle un nombre!

4) El semáforo: Decirle que “actúe” como lo hace un semáforo.

Luz Roja: ALTO, tranquilízate y piensa antes de actuar.
Luz Amarilla: PIENSA soluciones o alternativas y sus consecuencias.
Luz Verde: ADELANTE y pon en práctica la mejor solución.
Es recomendable estimularlo creando un dibujo en una cartulina con él/ella y colocarla donde pueda verla. Esta gráfica ayudará al pequeño a recordar cómo funciona.

5) la Meditación del globo: Aquí enseñas al niño/a a sentir su abdomen como un gran globo que se infla y desinfla al respirar. En cada inhalación su pancita se inflará y en cada exhalación se desinflará. Esta consciencia corporal aunada a la respiración le proporcionará calma mental. Hazlo tres veces con él.

“La rabia llena el globo, si no dejamos que se desinfle entonces explota”.

6) Los padres: Las personas en nuestro cerebro tenemos un mecanismo de imitación para el aprendizaje conocido como “neuronas espejo”. Estas neuronas tienen la función de imitar el comportamiento de las personas que están a nuestro alrededor con la finalidad de aprender de ese entorno. De esta manera, si tú eres un ejemplo de conducta, si ante el estrés tú como padre/madre eres capaz de no perder el control y lograr hacer algo para calmarte, ten por seguro que estarás dando a tu peque el mensaje más poderoso y le estarás obsequiando una habilidad para la vida.

Este video explica cómo los niños aprender a “Meditar” para controlar su enfado. Es un video precioso..enseñaselo a tu hijo:

ACEPTAR LA IMPERFECCIÓN PARA SER AUTÉNTICOS Y REALES

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Si tuviéramos el coraje de aceptarnos como imperfectos y necesitados de los demás, para enfrentar las dificultades y salir adelante, entonces, aceptaríamos que somos vulnerables.

La vulnerabilidad es la capacidad de reconocer con coraje quiénes somos realmente, así como reconocer la necesidad que tenemos de los demás, de estar conectados, de ser aceptados y comprendidos por otros.

Intentar tener siempre la razón, creer que mi vida está siempre perfectamente controlada, que no tengo la culpa de nada, que tengo la certeza y respuesta para todo siempre, culpar a los demás, es una forma de evadir el dolor y la incomodidad.

Las personas que tienen sentido de la dignidad, son aquellas que tiene un fuerte sentimiento de amor y pertenencia. Sin embargo, los que luchan por mantener la dignidad, están preguntándose siempre si son suficientemente buenos.

Tener coraje consiste sencillamente en ser amables con nosotros mismos primero para serlo también con los demás. Es ¡tener el coraje de ser imperfecto!

Ser capaz de renunciar a quienes pensábamos que debíamos ser, para ser lo que somos (Ésta es la manera de ser auténticos).

La vulnerabilidad es el núcleo de la vergüenza y del miedo. De nuestra lucha por la dignidad. Pero también es donde nace la creatividad, el amor, la pertenencia, la compasión o la ternura.

¿Por qué luchamos contra nuestra vulnerabilidad?

Una manera de enfrentarse al mundo es insensibilizarnos ante nuestra propia vulnerabilidad y la de los demás, fingiendo que no existe, rechazándola o negándola.

Pero no podemos silenciar la pena, la vergüenza, el dolor, el miedo, la decepción. No podemos insensibilizar selectivamente esos sentimientos sin insensibilizar otros sentimientos como el amor, la compasión, la ternura o la gratitud.

 “Eres imperfecto y estas hecho para luchar, pero también eres digno de amor y pertenencia”

No olvidemos entonces, que todo lo que hacemos tiene efecto en los demás, por eso para conectar con otros, debemos ser auténticos y reales en vez de fingir ser perfectos. Debemos dejar que nos vean, debemos dejarnos ver…tal como somos: VULNERABLES.

Hay que amar con todo el corazón aunque no hayan garantías.

Y a ti ¿Qué te hace sentirte vulnerable?

 

Te invito a escuchar y ver esta hermosa conferencia donde Brené Brown explica su investigación acerca de la “Vulnerabilidad”.

 

 

 

 

APRENDER A PERDER PARA GANAR

 

A juzgar por los anuncios publicitarios, la vida es una fiesta interminable, lo cual tiene poquísimo que ver con la realidad, porque, incluso en el mejor de los casos, vivir tiene su cuota de desazón y duda.perder

El malestar también forma parte de la existencia, igual que la alegría, pero se diría que el espejo colectivo en el que nos miramos no admite zonas de sombra, así que todos estamos demasiado empeñados en ser dichosos en sesión continua, ultrafelices y megadivertidos a tiempo completo, como si eso fuera lo normal.

La consecuencia de esta mentira es que la gente no sabe qué hacer con el desasosiego cotidiano y, en cuanto se topa con una pequeña frustración, piensa que está deprimida. 

No hay ser humano que no haya conocido el sabor de la derrota.

Por eso debemos aprender a superar la frustración que consiste en aceptar de una forma serena que la realidad externa pueda ser contraria a los deseos internos.

La fuerza de voluntad es un signo de sabiduría pero también es muy importante renunciar a un objetivo en determinado momento.

Las pérdidas nos ayudan a manejar la frustración una emoción que, realmente, resulta incómoda y molesta.

Para desarrollar tolerancia a la frustración es necesario encontrar límites a nuestros deseos y este aprendizaje es necesario para no derrumbarnos ante cualquier obstaculo o dejarnos secuestrar por la ira en esas situaciones.

Aceptar la realidad tal y como es , significa tener la capacidad de aceptar estas experiencias con serenidad. Sin contarnos excusas a nosotros mismos que disfracen la realidad.

Aceptar las derrotas significa ser capaz de elaborar duelos, procesar pérdidas y aceptar, aunque sea a regañadientes, que la vida no gira entorno a nuestro alrededor.

Nuestro diálogo interno puede ayudarnos a perder con inteligencia emocional y tranquilidad. Tu valor no depende de los resultados externos porque el ser va más allá del tener y de la productividad.
Apóyate en mensajes motivadores que te ayuden a perseverar en el camino de la superación: “Todavía no lo he logrado”. Esta frase deja la puerta abierta a la esperanza.

En esos momentos donde uno se siente perdedor, es importante cultivar la paciencia, que es una de las habilidades mas difíciles de lograr para cualquier persona, porque ella implica desprenderse de las expectativas y resignarse a que las cosas sigan su curso.

Aprender a perder tambien es aprender a ganar, porque nos permite adaptarnos a la vida tal y como llega, valorar lo que si tenemos, centrarnos en el proceso y no en los resultados.  Ser humildes y mortales, abiertos hacia lo que la vida nos depare y preparados para ser felices pase lo que pase.