¿PROTEGES A TUS HIJOS DE LOS PELIGROS DE LAS REDES SOCIALES, VIDEOJUEGOS E INTERNET?

El uso de las TIC “Tecnología de la Información y la Comunicación” se ha convertido en algo cotidiano. Debemos conocer las ventajas o peligros que nos presenta su utilización para poder trasmitirlo y enseñárselo a nuestros hijos de forma que podamos protegerlos igual que les protegemos en la vida real.

¿Tus hijos tiene un tiempo establecido como máximo para usar los videojuegos? ¿Conoces bien las aplicaciones, videojuegos o páginas de internet que usa tu hijo/a? ¿Adviertes a tus hijos de que no acepten solicitudes de amistad a extraños o publiquen fotos suyas o faciliten datos personales? ¿Tienes algún control parental instalado en el teléfono, tablet u ordenador que usa tu hijo/a?

¿Sabes que es el código PEGi de los videojuegos y que significan estos símbolos que encuentras en las carátulas?La-mayoria-de-los-ciudadanos-desconocen-los-simbolos-del-codigo-PEGI_landscape

Si las respuestas a estas preguntas son un “No” sería conveniente que tomaras medidas de protección porque tu hijo/a está expuestos a peligros que desconoces.

He dado talleres en colegios acerca del uso adecuado de las T.I.C . y me sorprende y preocupa que sean pocos los niños que tienen normas o supervisión de sus padres cuando usan el WhatsApp, los videojuegos o cuando buscan información en internet.

Debemos ser conscientes de que ponemos a su disposición herramientas que pueden implicar peligros como acoso sexual de un adulto, virus,  robo de contraseñas o datos personales, estafas económicas por internet, acoso de otros menores o situaciones conflictivas, acceso a material inadecuado como pornografía, apología de la anorexia o del terrorismo, etc.

Los padres y profesores deben advertirles a los niños y adolescentes que en las redes sociales no todo el mundo tiene buenas intenciones, que existen fraudes o estafas, que hay información que no es cierta como en la wikipedia que tanto usan para hacer sus trabajos del colegio.

También es importante hacerles conscientes de que deben tener un comportamiento ético en las redes sociales y evitar mentir, insultar o humillar a través del WhatsApp, Instagram o Facebook, igual que lo evitamos en la vida real. Debemos de ayudar a reflexionar sobre las posibles consecuencias de los actos en Internet.

Se habla de hacer un buen uso de las TIC cuando podemos controlar el cuánto, cómo y dónde las utilizamos. Es decir, cuando un niño o niña es capaz de organizar su tiempo de ocio de manera saludable, cuando se combina actividades distintas en el tiempo libre, cuando es capaz de pasar un largo tiempo sin utilizar las TIC, cuando tienen otras herramientas para entretenerse.

SEÑALES DE ALARMA

 -Aislamiento: Poner los ordenadores, videoconsolas y tablets en la habitación del niño cuando son pequeños tiene una serie de desventajas. Por una parte, aislamiento de la vida familiar; y por otra parte, es más difícil que puedan saber qué hace su hijo en la red. Para solucionar este punto sería recomendable poner el ordenador o tener los distintos dispositivos tecnológicos en una zona común de la casa.

Cambian las rutinas y los intereses: todo lo demás pasa a un segundo plano y su interés por Internet, videoconsolas, “estar conectado” se convierte en el centro de su vida.

‐ Abandona o deja de prestar atención a actividades importantes de su vida (deberes, estudios, actividades extraescolares, amigos, familia).

Cambios bruscos de humor: Muestra menos interés por las relaciones sociales o evita acudir a eventos de grupo. Además, cuando está en ellos, suele mostrarse ausente, nervioso o con ganas de irse. Y cuando está utilizando las TIC está eufórico.

Sufre ansiedad en caso de no poder conectarse a Internet y se comporta como si fuese una tragedia si no lo hace. Mentir sobre el tiempo que utiliza las TIC.

Falta de control: Cuando lo intenta dejar, es incapaz.

Bajo rendimiento en los estudios.

Aumento de gastos: facturas del teléfono más costosas o aparecen cargos a tarjetas. Algunos videojuegos permiten pasar de nivel pagando o tiene publicidad. Incluso hay juegos de apuestas.

‐ No deja el dispositivo tecnológico de lado, ni siquiera, cuando está con más gente. No se separa aunque esté haciendo otra actividad (comer, ir al baño, ver la tele, estar estudiando…). Se trata de una obsesión que altera su vida.

¿QUÉ SE PUEDE HACER? 

  • Sería recomendable para aquellos padres que no saben utilizar un ordenador, una tablet, las redes sociales o los videojuegos que comiencen a usarlos. No hace falta que seas informático/a, bastará con conocer los que usa tu hijo/a.
  • Hable con su hijo de los riesgos, de las ventajas, de las utilidades, de lo que le gusta de las TIC. Asi conocerá los peligros a los que se expone y como aconsejale para que tome precauciones.
  • Establezca unas normas claras (tiempo, lugar, momento…) del uso de las TIC. Establezca también las posibles consecuencias en el caso de no cumplir con las normas establecidas.
  • Preguntarle sobre lo que ha hecho, con quién ha jugado, o hablado, qué paginas ha visto, etc. para poder conocer asi los riesgos de esas aplicaciones o juegos y el comportamiento que tiene nuestros hijos o las situaciones de riesgo que puedan estar teniendo (acoso, grooming, conflictos, gastos economicos,etc). Ofrecerle actividades alternativas de ocio.
  • Conviene recordar que existen programas de protección para limitar el acceso de tu hijo a determinadas páginas. Infórmate sobre su uso.

CONTROL PARENTAL

Permiten bloquear, controlar y registrar el uso que se hace del teléfono, tablet u ordenador en determinadas áreas. Existen distintas opciones:

  1. Contenidos bajo control

La función más básica de un control parental debe ser filtrar los contenidos a los que puede acceder el menor a través del navegador web.

  1. El control del software

Muchos de ellos permiten controlar especialmente los juegos que se ejecutan en el ordenador mediante un sistema de clasificación por edades.

  1. Vigilar durante cuánto tiempo lo hacen.

Muchas aplicaciones de control parental incluyen un apartado que nos permite controlar el tiempo que un determinado usuario tiene abierto el PC al día o la semana, e, incluso, los intervalos horarios en los que puede utilizarlo. De esta manera, es muy sencillo asegurarse de que no se pasa demasiado tiempo delante del ordenador.

  1.  Seguimiento en Redes Sociales

Ve lo que tu hijo hace en redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram, Whatsapp y más.

  1. Controla Llamadas y SMS

Ve a quien llama y escribe tu hijo, lee el contenido de los Mensajes de Texto que envía o recibe y bloquea números no deseados.

  1. Seguimiento de Geo localización y Botón de Pánico

Sigue la ubicación de tu hijo. Si hay problemas un Botón de Pánico enviará un mensaje de emergencia con localización.

¡No olvides que lo más importante es educar!

Recuerda que la obligación de protección de los padres sobre los menores prevalece frente a su derecho a la intimidad. Así que ¡Manos a la obra! habla y comparte con tu hijo tiempo para que te explique que es lo que hace en internet, que es lo que le gusta y como se utilizan sus juegos y aplicaciones favoritas. Lo importante es hablar y  compartir tiempo con ellos.

AQUI PUEDES VER UN VIDEO CON TU HIJO/A PARA QUE APRENDA COMO USAR INTERNET  DE FORMA SEGURA:

 

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HIJOS QUE MALTRATAN A SUS PADRES

Comúnmente a los hijos que maltratan a sus padres se les llaman “hijos tiranos” o se dice que el niño/a tiene “síndrome del emperador”. Aunque estos términos hacen referencia a menores de edad no podemos olvidar que estos hijos se convierten en adultos.

Otro término utilizado para referirse a este tipo de violencia es “Violencia filioparental” Concretamente la violencia filio parental es aquella donde el hijo/a actúa intencional y conscientemente, con el deseo de causar daño, perjuicio y/o sufrimiento en sus progenitores, de forma reiterada, a lo largo del tiempo, y con el fin inmediato de obtener poder, control y dominio sobre sus víctimas para conseguir lo que desea, por medio de la violencia psicológica, económica y/o física (Aroca, 2010, p. 136).

A menudo en la violencia filio-parental el agresor es un niño, púber o adolescente que no sobrepasa los 18 años y que depende íntegramente de sus víctimas. Es más, la víctima es el sujeto jurídicamente obligado a las labores de cuidado y educación de su mismo agresor. Es decir, la víctima está civilmente obligada a convivir con su maltratador hasta que éste obtenga la mayoría de edad, hecho que incrementa la desprotección de ella.

Son muchos los casos en los que los padres no denuncian ni piden ayuda por vergüenza  y por sentirse responsables del comportamientos de su hijo/a. Existen muchos mitos al respecto y a menudo la respuesta social es la de culpabilizar a los progenitores de la situación familiar lo que dificulta que pidan ayuda.

La violencia que ejercen no solo continuará con los años sino que podrá también extenderse a otro tipo de relaciones como la de pareja. El maltrato impacta también en los hermanos quienes se ven inmersos en un clima familiar hostil y violento. Los miembros de la familia además tienden a llevar esta situación de maltrato en forma de secreto familiar, teniendo que decidir entre salvarse o acompañar a los otros miembros en el problema para intentar frenar o minimizar el impacto del maltrato.

TIPOS DE VIOLENCIA:

La violencia psicológica (incluimos la verbal, no verbal y emocional) que implica conductas que atentan contra los sentimientos y las necesidades afectivas de una persona, causándole conflictos personales, frustraciones y traumas de origen emocional que pueden llegar a ser permanentes (Aroca y Garrido, 2005). Las más habituales en estos hijos son: ignorar o ningunear a los progenitores, humillar, denegar el afecto, expresiones no verbales de desprecio o degradación, retirar el afecto, romper y golpear objetos para amedrentar, amenazar, mentir, insultar, culpabilizar, manipular, ausentarse de casa sin avisar, omisión de ayuda, coaccionar e intimidar (pegar patadas a puertas, pared, lanzar objetos, esgrimir cuchillos o romper cristales).

La violencia económica se refiere a conductas que restringen las posibilidades de ingresos/ahorro de los progenitores por medio de robos, venta o destrucción de objetos, generación de deudas (móviles, juegos, compras) y utilización de tarjetas bancarias por parte de los hijos. Daños económicos que deben asumir los progenitores. La violencia económica va acompañada de la psicológica en conductas como: amenazas, mentiras, chantaje emocional, extorsión, coerción y manipulación, básicamente.

La violencia física el conjunto de conductas que pueden producir daño corporal causando heridas por medio de objetos, armas o partes del cuerpo para propinar patadas, bofetones, golpes y empujones. Sin olvidar que todo maltrato físico comporta, a su vez, el psicológico emocional y la omisión de ayuda o abandono en una situación de vulnerabilidad de la víctima que también se contempla como maltrato físico y psico-emocional.

EL CICLO DE LA VIOLENCIA FILIO-PARENTAL:

En concreto la violencia filio-parental comporta un modus operandi específico entre agresor y víctima que adquiere, en ocasiones, la forma de ciclo coercitivo, al que denominaremos círculo de la violencia filio-parental. Harbin y Madden (1979) afirman que los ataques contra los progenitores se producen, normalmente, cuando hay un desacuerdo entre éstos y el hijo, porque la madre y/o el padre hacen algo que trastorna al joven agresor (por ejemplo: fijarle límites).

En este proceso, cuanto más extremo sea el comportamiento del hijo, más dispuestos se sentirán los progenitores a comprar su tranquilidad mediante concesiones. En estas circunstancias, el mensaje que recibe el hijo es que son demasiado débiles para defenderse ante sus amenazas. De esta forma, el muchacho se acostumbra y aprende a conseguir lo que quiere por la fuerza, y los progenitores a someterse.

Cuanto más impotentes y confusos se sientan los progenitores, más elevado será el riesgo de que pierdan el control. Por consiguiente, cuanto más violentos sean los arrebatos parentales, más violentas serán las conductas agresivas del hijo. El resultado es la claudicación de los progenitores para retornar la paz al hogar. De este modo, el círculo de la violencia filio-parental oscila entre ceder y devolver el golpe.

En conclusión, toda estrategia de prevención debe consistir en romper la dinámica, en ocasiones coercitiva, del ciclo de violencia filio-parental sin olvidar, en ningún momento, que los progenitores son víctimas y como tales deben ser tratados. Por tanto, como la mediación es desestimada en toda relación de maltrato (existe un desequilibrio de poder real o percibido), no debe ser utilizada hasta que las víctimas no recuperen su estatus jerárquico y de autoridad, y el hijo asuma su responsabilidad.

La intervención grupal debe partir de la idea de que la solución de la problemática familiar implica una intervención multidimensional, que incluya intervenciones educativas, terapéuticas y legales o de control social.

PRINCIPIOS A LA HORA DE TRABAJAR CON ESTAS FAMILIAS A NIVEL GRUPAL:

La violencia nunca es aceptable.

 — La única persona responsable de la violencia es la persona que la ejerce.

— Las familias quieren acabar con la violencia, pero no con la relación familiar.

— Las familias pueden ayudar al joven agresor a asumir su responsabilidad.

— La violencia es una elección.

— La violencia no es lo mismo que el enfado o el temperamento.

— Las madres no son responsables de las conductas violentas de sus hijos, pero sí juegan un papel importante en su solución.

La familia es un sistema abierto, es decir, que es algo más que la suma de sus miembros, ya que los cambios en uno de ellos influye inevitablemente en el resto y las causas y el efectos se confunden: el efecto es también causa y la causa efecto (causalidad circular).

Cabe pensar que el hijo agresor no es más que el «portavoz» de la problemática familiar, por lo que la intervención debiera abarcar a todo el sistema familiar, y no sólo al joven violento. Conseguir la implicación de todo el sistema familiar, como agentes activos de cambio, será fundamental, lo que implica pasar de la idea «cambien a mi hijo/a» a «cambiemos todos».

La intervención familiar debería marcarse como objetivo la reestructuración familiar y el fortalecimiento de la parentalidad (implicación en la educación de los hijos, hábitos de disciplina y supervisión) encontrando al mismo tiempo mecanismos que controlen los altos niveles de agresividad de estos jóvenes y velen por la integridad física y psíquica de las víctimas, ya que el cese de la violencia debe ser una condición necesaria para el proceso terapéutico (Galatsopoulou, 2006; Pérez y Pereira, 2006).

 

BIBLIOGRAFIA:

  • Articulo de Concepción Aroca Montolío. Universidad de Valencia 2013.
  • Izaskun Ibabe Joana Jauregizar Óscar Díaz VIOLENCIA FILIO-PARENTAL: CONDUCTAS VIOLENTAS DE JÓVENES HACIA SUS PADRES

 

 

 

Los 5 tipos de personalidad

¿Has pensado alguna vez sobre cuáles son tus rasgos de personalidad?

La personalidad es el concepto que hace referencia a la forma de ser, actuar y ver el mundo que tenemos las personas.

La teoría de los rasgos de la personalidad los “Big Five” se centra en las diferencias entre los individuos. Esta es la teoría más avalada científicamente y en la que se basan muchos estudios e instrumentos para determinar la personalidad.

Un rasgo es una característica relativamente estable de la personalidad que hace que las personas se comporten de cierta manera. La combinación e interacción de diversos rasgos forman una personalidad que es única para cada individuo.

Según este modelo, nuestra personalidad depende de la “cantidad” de rasgo que tengamos. Es decir, todo el mundo posee un cierto grado de cada uno de estos factores, pero algunos sobresalen más marcando así nuestra personalidad.

Los cinco rasgos son:

  1. Apertura a nuevas experiencias
  2. Ser consciente o responsabilidad
  3. Extraversión o extroversión
  4. Afabilidad o amabilidad
  5. Inestabilidad emocional

Cada uno de los cinco factores de personalidad representa un rango entre dos extremos. Por ejemplo, la extraversión representa una continuidad entre la extraversión y la introversión extrema. En el mundo real, la mayoría de la gente cae en alguna parte entre los dos extremos polares de cada dimensión.

Apertura a la Experiencia

Muestra en qué grado una persona tiende a buscar nuevas experiencias personales y concibe de una manera creativa su futuro. La persona abierta a la experiencia tiene una relación fluida con su imaginación, aprecia el arte y la estética, y es consecuente con sus emociones y la de los que le rodean. Prefieren romper con la rutina y suelen poseer conocimientos sobre amplios temas debido a su curiosidad intelectual. Su opuesto es la Cerrazón a la Experiencia (o al Cambio).

Los individuos que puntúan bajo tienen intereses más convencionales. Disfrutan de lo sencillo más que de lo complejo, ambivalente y sutil. Suelen observar las ciencias o el arte como disciplinas poco prácticas. Prefieren la familiaridad a lo novedoso; son moderados y apegados a la tradición.

Responsabilidad

Refiere a cuán centrado está el sujeto en sus objetivos, además de cuán disciplinado se muestra para la consecución de dichos fines. Podríamos decir que la persona con alta puntuación en este factor es un individuo organizado, con capacidad de concentración, que termina sus tareas y que piensa antes de tomar una decisión.

Extraversión

Define el grado en que el sujeto se muestra abierto con los demás y canaliza su energía en contextos sociales. Examina cuánto le agrada a un sujeto estar rodeado de otras personas, cuánto le gusta expresarse ante los demás, etc. Su opuesto es la introverción, que se caracteriza en personas reservadas, que a menudo son tachados de antipáticos. Suelen ser ciertamente independientes, prefieren la rutina y el ambiente familiar.

Prefieren estar solos y no les agrada formar parte de bullicios de gente, lo cual no quiere decir que sean menos felices. Frecuentemente se muestran tan animados como el que más en círculos estrechos de amistad. Son más reflexivos que los extrovertidos, y tienden menos a la acción.

Amabilidad

Es el grado en que la persona se muestra respetuosa, tolerante y tranquila. La persona amable es aquella que confía en la honestidad de los otros individuos, tiene vocación para ayudar y asistir a quien lo necesite, se muestra humilde y sencillo, y es empático hacia las emociones y sentimientos ajenos.

Estabilidad emocional

Define en qué grado una persona afronta sin problema las situaciones complicadas de la vida. Los sujetos tranquilos, no muy proclives a sentir rabia o a enfadarse, suelen permanecer animados y gestionan muy bien sus crisis personales. Las personas moderadas y sosegada puntúan alto en este factor.

Existe un cuestionario, el Big Five Questionnaire  (BFQ) que permite la realización de un perfil de personalidad y que usan frecuentemente los psicólogos.

La comprensión de tu tipo (personalidad) puede hacer que tus percepciones sean más claras, tus juicios más sólidos y tu vida más cercana al deseo de tu corazón.” – Isabel Briggs Myers

 

Estrés postvacacional

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El síndrome postvacacional es un término surgido de manera popular que hace referencia al proceso de estrés que tenemos que afrontar tras las vacaciones, para readaptarnos de nuevo a las obligaciones laborales (o escolares) y al cambio de estilo de vida que supone.

Se suele producir en la primera semana de vuelta al trabajo, y suele ser pasajero; si dura más de 15 días habría que estudiar las causas más profundas que originan esa situación.

La readaptación a la vida laboral después de las vacaciones incluye cambios de horarios, de obligaciones y de estilo de vida en su conjunto.

El cambio de hábitos suele exigir un esfuerzo. Esto puede suponer un aumento de ansiedad, ante la posibilidad de hacerlo mal, de fallar o de obtener un resultado negativo o al cúmulo de tareas que se ha originado durante el tiempo de ausencia, por eso el rendimiento, la motivación o el interés en los primeros días pueden ser un poco más bajos de lo habitual.

La planificación es muy importante para volver a incorporarse a la rutina. Cuando volvemos al trabajo hay que saber que no somos “superhéores”, por lo que debemos darnos un tiempo de adaptación.

Para superar el estrés postvacional, así como para prevenir las consecuencias negativas del estrés en general pueden seguirse una serie de cuidados que vamos a resumir a continuación:

  • Empezar de manera gradual con la intensidad del trabajo, de menos a más intensidad, intentando comenzar por las tareas más gratas.
  • Trata de recuperar tus hábitos cotidianos para que tu cuerpo comience a regular su ritmo. Evita sobrecargarte de responsabilidades los primeros días.
  • No “llevarse trabajo a casa”.
  • No esperes rendir como lo haces habitualmente, debes trabajar paulatinamente y asumiendo tareas de forma progresiva. Organízate lo más que puedas durante estos días.
  • Seleccionar aquellas actividades que podemos llevar a cabo, y delegar aquellas para las que no estamos tan preparados.
  • Ten hábitos de  sueño adecuados; duerme más horas y acuéstate más temprano.

Haz que tu vida cotidiana te haga feliz; las vacaciones no son los únicos días en lo que puedes descansar. Durante la semana encuentra momentos en los que puedas hacer tus actividades favoritas.

6 IMPULSORES DE VIDA

Actuar de forma automática. Ser reactivos ante lo que nos sucede, puede tener un coste emocional. Existen creencias que nos dirigen hacia a la acción de una manera rígida y no adaptada a la situación. Ser consciente de nuestras creencias puede ayudarnos a tomar las riendas de lo que nos sucede y permitirnos elegir la manera en que realmente queremos actuar en vez de  hacerlo como un robot y sin control.

Tabai Kahler  y Hegdes Capers, crearon una teoría al observar que algunas creencias adquiridas en la infancia mediante la relación con nuestros padres, aunque movilizaban a las personas, también les generaban malestar. A estas creencias las llamaron impulsores. Éstos actúan  como mini guiones de vida (así los llamaron inicialmente). Los autores identificaron seis: “sé perfecto”, “sé complaciente”, “esfuérzate”, “sé fuerte”, “ten cuidado” y “date prisa”. No todos ellos están presentes en todas las personas ni tienen la misma intensidad.

El impulsor nos hace sacar a la luz a nuestro crítico interno pudiendo promover que nos sintamos mal. Detectarlos nos ayudará a no comportarnos como autómatas. A ser consciente que en ocasiones pueden estar en la base de algunos comportamientos contraproducentes. Cada impulsor esconde una prohibición y por eso nos hacen sentirnos mal.

Las personas que perciben la vida bajo el impulsor “sé perfecto dedicarán mucho tiempo a buscar la perfección, puede ser habitual que no se sienta satisfecho con la situación presente porque siempre habrá algo o alguien mejor. Podemos estar hablando de personas perfeccionistas, con elevada insatisfacción y en niveles elevados personas intolerantes e intransigentes.

Si el impulsor es sé complaciente la persona suele ocultar sus propias necesidades para enfocarse en las de las otras personas. Suelen anteponer las necesidades de los demás a las suyas, y esto hace que se dediquen a realizar cosas para otros en vez de llevar a cabo las acciones que les conducen a sus objetivos. Se suelen cargar de trabajo por querer decir si a todo el mundo, sin dar prioridad a su tiempo y sus objetivos.

Si el impulsor es esfuérzate la persona adopta una postura de permanente esfuerzo, como si lo que no costara esfuerzo no fuera valioso o mereciese la pena. Suelen hacer muchas cosas por el mero hecho de hacer, sin priorizar, sin criterio, sin vinculación al objetivo y en muchos casos sin pensar en el sentido que tiene hacerlas. No planifican las actividades, se ponen objetivos poco claros y suelen querer hacer muchas cosas que luego no pueden cumplir. Para ellos el mérito está en intentarlo y esforzarse, aunque el resultado sea mediocre y esa es la medida de valoración que tienen sobre los proyectos y las personas.

Si el impulsor es sé fuerte estamos ante una persona que no se atreverá a mostrar su vulnerabilidad y llevará una máscara de dureza tanto con los demás como consigo mismo/a. Es muy probable que estemos hablando de personas muy disciplinadas y con poca flexibilidad. Pedir ayuda sería un síntoma de debilidad. Suelen ser personas autosuficientes que se cargan con mas trabajo del que pueden y a quienes les cuesta delegar, lo cual puede acarrearles problemas de salud, así como no cumplir con todo lo que asumen o hacerlo de forma poco excelente.

Si el impulsor es date prisa la persona llenará su agenda totalmente y lo habitual es que llegue tarde a muchas de sus citas. Quiere aprovechar al máximo el tiempo, no estará tranquilo/a ni un rato por lo que se sentirá cansado/a de manera habitual. Cometer errores por ir deprisa les hace tener que rehacer los trabajos varias veces, lo que supone pérdidas de tiempo que les impiden hacer otras cosas más importantes.

“Ten cuidado”, el mundo es peligroso:  Las personas con un nivel alto de este impulsor tienden a ser excesivamente cuidadosas y recelosas. Se preocupan por todo en exceso, ven peligros por todas partes. Cualquier fallo o error, y cualquier revés es para ellos transcendental y puede suponer el declive de todo. Esto les lleva a ser indecisas, a procastrinar a no pasar a la acción. Les cuesta colaborar y compartir porque no se fían y piensan que se van a aprovechar de ellas.

Lo más interesante de esta idea es que para evitar que los impulsores controlen nuestra vida, suelen utilizarse los llamados ‘PERMISORES’, creencias que, al contrario que los impulsores, pueden ser llevados al extremo sin ocasionar efectos negativos en nuestra salud física y emocional.

Para combatir al impulsor ‘sé perfecto’, pueden utilizarse permisores como ‘acepta que cometes errores’, ‘aprende de tus errores’ o ‘puedes permitirse fallar’. De esta manera, aceptas que no eres perfecto (ni puedes llegar a serlo) y que los errores no son malos porque nos permiten aprender.

Para combatir al impulsor ‘sé fuerte’, podemos decirnos a nosotros mismos que ‘acepto mis sentimientos (buenos o malos)’, permitiéndome expresarlos frente a los demás sin buscar su aprobación. Hay que recordar que al manifestar ira o tristeza frente a los demás no es síntoma de debilidad, sino de que somos personas que en ocasiones podemos ser vulnerables pero que en otras podemos apoyarnos en el afecto y comprensión de los demás. No somos máquinas que expresan solo emociones positivas.

Para combatir el impulsor ‘complace a los demás’ podemos recurrir a creencias que fomenten nuestra autoestima: ‘me quiero’, ‘me gusta cómo voy hoy vestido’ o ‘esa persona me ha mirado porque le intereso’. Evitando buscar la aprobación externa.

Para combatir al impulsor ‘date prisa’, debemos reducir nuestra ambición personal/profesional y saber priorizar. Pensamientos como ‘esto no es tan importante como para terminarlo ahora’ o ‘solamente voy a hacer ahora lo estrictamente prioritario’ nos permiten reducir nuestra carga de trabajo diaria y el estrés.

Y para combatir el impulsor ‘esfuérzate’, hay que intentar modificar nuestras expectativas que alimentan a nuestro ego (grandes metas que soñamos alcanzar algún día), saber crear y mantener pequeñas metas (y no objetivos imposibles de cumplir) y saber acabar aquello que se empieza.

En conclusión, importante que seamos conscientes del tipo de dialogo interno que mantenemos habitualmente con nosotros mismos para frenarlos o modificarlos hacia nosotros actitudes respetuosas y  flexibles que nos ayuden a afrontar los retos y las dificultades de cada día. Ser amables y comprensivos con nosotros nos ayudará a ser más felices. Cuando uno se aferra a una idea de forma  inflexible eso puede generarnos malestar por eso debemos revisar nuestros impulsores.

¿Con cual o cuales te identificas tu?

 

 

 

¿EL DESEO O EL AUTOCONTROL?

Cualquier cosa que creamos que nos va a hacer sentir bien, activa el sistema de recompensa: la imagen de una comida deliciosa, el aroma del café recién hecho, la sonrisa de una persona desconocida muy sexy.

EL SISTEMA DE RECOMPENSA está formado por distintas áreas del cerebro. Permite que asociamos ciertas situaciones a una sensación de placer. Su objetivo es claro: hacer que queramos repetir uno o más comportamientos.

En el caso de las adicciones el centro de recompensa queda “hackeado” y pasa a ser una herramienta que nos orienta a un único objetivo, haciéndonos perder el control sobre lo que hacemos.

Cuando la dopamina hace que algo te llame la atención, la mente se obsesiona por conseguir o repetir cualquier cosa que la haya activado.

Y lo más importante es que, aunque la recompensa nunca llegue, la promesa de alcanzarla, combinada con la creciente sensación de ansiedad al pensar en perderla, es suficiente para mantenernos enganchados.

La función principal de la dopamina no es hacernos felices, sino perseguir la felicidad. No le importa presionarnos un poco, aunque nos haga infelices en la búsqueda.

ANHEDONIA significa literalmente ‘sin placer’. Es un trastorno psicológico que consiste en una completa desconexión del deseo, que destruye las esperanzas y, a muchos, las ganas de vivir. Sucede cuando el sistema de recompensa no se activa. Curiosamente el resultado no es una profunda satisfacción, sino la apatía.

Aunque nos metamos en problemas cuando confundimos el deseo con la felicidad, la solución no está en eliminar el deseo. Una vida sin deseos tal vez no exija tanto autocontrol, pero no vale la pena vivirla.

EL TEST DEL MALVAVISCO realizado con niños de cuatro años demostró que mientras más tiempo fueron capaces los niños de esperar para recibir el malvavisco, más habilidad tuvieron para controlarse y lograr sus metas en el futuro. Como adultos tenían mayor tolerancia al fracaso, más habilidades sociales, porque tenían la capacidad de esperar para recibir un premio o gratificación.

 

La promesa de recompensa no nos garantiza la felicidad, pero la falta de la promesa de recompensa sí que garantiza la infelicidad. Si queremos controlarnos, debemos distinguir las recompensas reales que le dan sentido a nuestra vida, de las falsas que nos mantienen distraídos y adictos.

 

DOLOR ¿EMOCIONAL?

imagesEl dolor emocional trae como consecuencia malestares físicos y corporales.

Nuestras emociones están vinculadas a nuestros dolores. Es decir, a veces nuestros dolores son un efecto de ciertas emociones y sentimientos vividos. Nuestro cuerpo reacciona y establece una conexión, es por esta razón que nuestro sistema inmune se va debilitado por una mala salud emocional.

Diferentes estudios cerebrales han constatado que la misma parte del cerebro que funciona como procesador de dolor físico, también tiene la tarea de procesar el dolor emocional.

David Alexander, Director del Centro de Investigación de Trauma, afirma que “La gente que ha sufrido daños emocionales a menudo traduce ese dolor en algo físico”.

El dolor físico es una advertencia de nuestro organismo para no hacer algo que nos hace daño, por ejemplo, caminar con un tobillo o una pierna rota.El dolor emocional, también puede ser una advertencia, por ejemplo, para no volvernos a acercar a cierto tipo de persona que nos puede herir emocionalmente.

Otro tipo de dolor emocional esLa pena compleja. Mary Frances O’Connor, investigadora de UCLA, la define como un dolor que se da en 10% de personas que pierde a un ser querido y que no consiguen adaptarse al dolor que sienten.

Es importante entender que algunas personas sufren traumas, es decir, siguen sintiendo un dolor emocional mucho tiempo después de experimentar el contacto directo con la circunstancia que lo causó.

No es necesario que fueran sucesos trágicos sino simplemente que vivieran situaciones que su estructura emocional no supo procesar de otra manera, creando un esquema de supervivencia basado en el miedo, la tristeza o el odio.

Elsa Punset, en su libro “Inocencia radical” habla de diez esquemas básicos que causan dolor emocional: (Cinco esquemas personales y cinco esquemas sociales):

 El Esquema del Abandono: “Siempre me abandonan”
Este esquema surge a raíz de nuestras reacciones ante las pérdidas: tememos que las personas que nos rodean nos abandonen. El abandono original pudo ser simbólico o real, debido a padres emocionalmente fríos o distantes, a mudanzas incesantes, a muertes, divorcios. Produce la sensación de estar aislado.

El Esquema de la privación o carencia: “A nadie le importan mis necesidades”
En la infancia de las personas que tienen este tipo de esquemas, los padres probablemente no tuvieron tiempo, o interés, en escuchar al niño. Él tuvo la sensación de que nadie quería estar a su lado, o de que sus necesidades emocionales no importaban. Ahora es un adulto hipersensible al hecho, real o imaginado, de que las personas no se fijan en sus necesidades profundas: siente hambre de mimos, de calidez o de afecto. En algunos adultos, este esquema despierta la ira, porque los demás parecen ignorarnos. A veces a estas personas les cuesta mucho expresar sus necesidades, y por ello los demás, simplemente no las captan. 

El esquema del dominado: “Nunca me salgo con la mía”
Esta persona tal vez tuvo padres dominantes y controladores que no dejaron al niño ser autónomo. El autoritarismo de los padres pudo expresarse desde la violencia abierta hasta la manipulación encubierta de la voluntad y la vida del niño. Emergerán adultos sin sentido de control sobre sus vidas, que no defienden ni apenas conocen sus propias preferencias. Generalmente, sus parejas también les dictarán lo que deben hacer. En la  infancia, este esquema pudo producir una estrategia de pasividad, para evitar el enfrentamiento, o al revés, una rebeldía que más adelante se convertirá en exagerada susceptibilidad ante cualquier posible señal de manipulación por parte del otro. Así, algunos adultos aquejados de este esquema evitan comprometerse para evitar acuerdos que puedan restarles libertad. 

El esquema del desconfiado: “No puedo fiarme de la gente”
Estas personas han sido víctimas de abusos físicos, emocionales o sexuales y han perdido la confianza en los demás. A veces, eligen relaciones donde sus peores sospechas se confirman, sólo porque les resultan familiares. Este esquema se diferencia de los demás esquemas porque las personas han sido heridas por otros de forma intencionada. La respuesta ha sido necesaria para sobrevivir, aunque ahora se aplique de forma compulsiva e inapropiada. 

El esquema del imperfecto: “No merezco amor”
La persona con este esquema tiene la sensación de que no merece amor, de  que es de alguna forma defectuoso. Es un esquema que suscita por tanto vergüenza y humillación. La persona aquejada tal vez tuvo padres hipercríticos, que la insultaban o desaprobaban con frases “no eres lo suficientemente bueno” o “me avergüenzo de tener un hijo como tú”. Pudo recibir un mensaje no verbal muy negativo que el niño interiorizó: ahora el adulto se mira con desprecio. Las estrategias típicas de este esquema consisten en aceptar el veredicto, capitular y esconderse; o al contrario, en mostrar arrogancia y buscar la adulación de los demás. 

El esquema del excluido: “No pertenezco, no encuentro mi lugar, nadie me da cobijo
Este esquema afecta a cómo nos sentimos en los grupos, bien sea en el entorno laboral, familiar o social. Se fija cuando la mirada de nuestra familia ya no es suficiente y buscamos la aprobación de los demás. Aparece aquí el niño con el que nadie quiso jugar, el que tuvo una familia diferente, o el que no encajó tras un divorcio en las nuevas familias de sus padres. Las personas aquejadas de este esquema suelen quedarse en las afueras de la vida social porque temen el rechazo de los demás. 

El esquema del miedoso: “Cuidado, el mundo es muy peligroso”
Este esquema se centra en la vulnerabilidad y en la pérdida de control. Tal vez uno de los padres tuvo tendencia a ser catastrofista, a un miedo real o imaginado, como una enfermedad, lastró la vida del niño durante un tiempo. La estrategia más típica ante este esquema se manifiesta a través de una prudencia exagerada, de un miedo al riesgo muy marcado. 

El esquema del fracasado: “Todo me sale mal”
La sensación típica de este esquema es que uno es un fracasado a pesar de cualquier indicio de éxito. A veces se debe a unos padres exageradamente exigentes, que hicieron sentirse inepto al niño o que hacían comparaciones odiosas con hermanos o con personas o niños muy exitosos. Ahora este adulto ni siquiera cree que merezca que las cosas le salgan bien. Así que surgen el fenómeno del impostor: estas personas que creen que no merecen triunfar y que si lo hacen, alguien las desenmascarará. 

El esquema del perfeccionista: “Tengo que ser perfecto”
El adulto que tiene este esquema pudo tener padres que nunca dieron su beneplácito pleno al niño. Por tanto, este se sintió inadecuado, y ahora cree que vale por lo que consigue, no por lo que es. Como ocurre con el esquema del fracaso, el esquema del perfeccionista tiene que ver con la capacidad para lograr las metas. En el esquema del fracaso esperamos demasiado poco de nosotros mismos; en el del perfeccionista, demasiado. 

El esquema del ser especial: “Yo no tengo por qué seguir reglas”
Lo que define este esquema es la necesidad de retar los límites de la vida: conducir a velocidades no razonables, servirse mucha comida cuando apenas hay para los demás, aparcar en una plaza para discapacitados, exigir a la pareja todo a cambio de casi nada. Estas personas se sienten especiales y carecen de la empatía necesaria para preocuparse del abuso que eso pueda suponer para los demás. Los niños que desarrollan este esquema tal vez hayan sido muy mimados, o han crecido en un entorno adinerado, o carente de límites, con padres permisivos o excesivamente serviciales. De adultos, pueden convertirse en personas impulsivas, infantiles y egoístas. Algunas veces, el esquema afecta a hijos de padres muy exigentes, que exageraban sus logros para sentirse especiales. También puede darse en adultos que han carecido de afecto o que han sufrido necesidades materiales: están resentidos y piensan que se les debe compensar con ello. 

El dolor en nuestra vida es inevitable, pero podemos aceptarlo, transitarlo y sobre todo, transformarlo en una experiencia de aprendizaje.