ENCONTRAR PAREJA ¿Suerte o elección?

Vivimos en una época en la que podemos elegir pareja a través de aplicaciones que realizan cálculos de compatibilidad pero la mayoría de personas afirman haber encontrado a su pareja accidentalmente ¿Encontrar pareja es entonces una cuestión de suerte?.

En ocasiones, el deseo de vivir en pareja nos arrastra a una búsqueda infructuosa en la que iniciamos relaciones difíciles e insatisfactorias.

¿Cómo quieres que se tu pareja? ¿Qué valores deben tener en común? Es necesario pensar en ello sin obsesionarse o buscar desesperadamente a la persona que encaje en tu molde.

La certeza de que has elegido bien a tu pareja es la sensación de que es una relación fácil y fluida. Una relación donde ambos se admiran y se aceptan.

Los desacuerdos y las diferencias son parte de una relación, pero deben ir resolviéndose en vez de acumulándose para que no se convierta en una relación forzada y difícil.

Algunas personas pueden tener ciertos patrones a la hora de elegir a su compañero/a ¿Buscas siempre el mismo tipo de persona? Los estilos de apego establecidos en la infancia, pueden hacer que actuemos de forma automática sin darnos cuenta.

Hazan y Shaver argumentaron que las relaciones románticas adultas, como las relaciones entre bebés y cuidadores, son apegos, y que el amor romántico es una propiedad del sistema de comportamiento del apego.

Los estilos básico de apego son:

  • Evitativo: A menudo, mis parejas quieren más intimidad de la que me haría sentir cómodo/a.  Con frecuencia me siento algo agobiado/a por mis parejas. Me resulta difícil confiar en mi pareja por completo y permitirme depender de él/ella. Estoy nervioso/a cuando se acerca demasiado.
  • Seguro: Me resulta relativamente fácil acercarme a mis parejas y me siento cómodo dependiendo de ellas y de que dependan de mí. No me preocupa que me abandonen o que alguien se acerque demasiado a mí o quiera mucha intimidad. los adultos seguros tienen más probabilidades que los adultos inseguros de buscar apoyo de sus parejas cuando están angustiados. Además, es más probable que sean capaces de proporcionar apoyo a sus compañeros cuando están angustiados
  • Ansioso:  Quiero estar muy unida/o a mi compañero/a, y esto a veces asusta a la gente o les hace sentirse invadidos/as. A menudo me preocupa que mi pareja no me quiera o tengo la sensación de que en realidad no quiere quedarse conmigo. Me parece que a mis parejas no les gusta a acercarse emocionalmente tanto como a mí me gustaría.  Las atribuciones que las personas inseguras hacen con respecto al comportamiento de su pareja durante y después de conflictos relacionales exacerban, en lugar de aliviar, sus inseguridades.

Si te sientes identificado/a con alguno de estos perfiles, es importante que detectes esa tendencia a la hora de elegir a tu pareja de forma que no sean tus miedos o tu tendencia automática quien elija por ti.

De esta forma, dándote cuenta, podrás determinar si te estas dejando llevar por esta tendencia o si por el contrario, en este momento estás uniéndote a alguien con quien eres compatible y con quien puedes construir una relación saludable.

Para elegir adecuadamente a nuestra pareja antes, debemos conocer y reflexionar acerca de nuestros propios valores personales y morales. Ese debe ser el punto en común en una relación y por lo tanto ese es el mejor indicador o pista para saber si estamos eligiendo bien o simplemente “dejándonos llevar” por nuestras ganas de tener compañero/a de vida.

Esta es también la base de donde nace la admiración hacia nuestra pareja, algo que produce que nos sintamos orgullosos de esa relación.

Pedir cambios en la forma de ser o  pretender que nuestra pareja modifique sus valores, nos llevará a una lucha infructuosa, ya que el amor debe partir de la aceptación mutua.

Los acuerdos o procesos de toma de decisiones son necesarios para la convivencia y el diseño del  proyecto de vida en común, pero las discusiones no deben convertirse en una lucha por imponerse el uno sobre el otro. La perspectiva de que podemos ayudar a la otra persona para que cambie, esconde nuestro deseo oculto de que sea alguien que no es.

Si insistes siempre en generar los mismos cambios y no encuentras la armonía con esa persona obviamente, las piezas del puzle no encajan.  Es ese alto nivel de esfuerzo, el que nos indica que estamos forzando una relación.

¿Por qué preferimos estar mal acompañados que estar sin pareja? El romanticismo que hemos heredado es una cultura que nos ata a relaciones insanas, destruye nuestra dignidad y hace que nos autoengañemos para aceptar lo inaceptable.

Si sufro constantemente, si soy infeliz desde hace mucho tiempo pero no me siento capaz de romper es porque existe una dependencia emocional. Si este es tu caso y has tomado ya conciencia de ello puedes pedir ayuda a un psicólogo. Rendirse y aceptar que no somos felices puede ser el primer paso para encontrar la serenidad y tranquilidad.

En definitiva, el amor es algo hermoso y no hay que sacrificarlo para retener a la persona equivocada.

EL DESAPEGO

desapego y grafitti

El Apego (o vínculo afectivo) es una relación especial que el niño establece con un número reducido de personas. Es, sin duda, un mecanismo innato por el que el niño busca seguridad.

Pero cuando sobreviene una pérdida, despedirse y desapegarse son proceso necesarios para asumir y reconstruir. Asumir la perdida y reorganizar nuestro pequeño universo sin esa pieza que falta.

El desapego puede convertirse en nuestro aliado porque nos proporciona la distancia adecuada para poder ver las cosas desde otra perspectiva. Y ese, probablemente, sea el primer paso hacia la aceptación.
El tiempo ayudará también en el proceso de desapegarse. De forma natural la intensidad y la profundidad de los sentimientos tornarán opacos cuando antes eran intensos.

El desapego emocional puede ser una práctica positiva, si lo entendemos como la capacidad para dejar espacio a cada persona, darles la opción de ser ellos mismos sin necesidad de rescatarles o inmiscuirnos en sus problemas .
Le damos a esa persona que tanto amamos la libertad de ser responsable y de madurar. Aceptándole tal y como es en realidad y atendiendo nuestras propias necesidades.

Una persona que aprende a vivir con lo que tiene, pero no siente temor de perderlo se puede considerar verdaderamente libre. Por eso la mejor manera de ejercitar el desapego es : “Compartir lo que uno tiene, sin miedo de que no vuelva”.

El desapego también implica aceptar la realidad, los hechos. Requiere fé en nosotros mismos, en otras personas y en el orden natural.

De esta forma el desapego no es entendido como abandono sino amor incondicional, es dejar que la vida siga su curso.