¿EL DESEO O EL AUTOCONTROL?

Cualquier cosa que creamos que nos va a hacer sentir bien, activa el sistema de recompensa: la imagen de una comida deliciosa, el aroma del café recién hecho, la sonrisa de una persona desconocida muy sexy.

EL SISTEMA DE RECOMPENSA está formado por distintas áreas del cerebro. Permite que asociamos ciertas situaciones a una sensación de placer. Su objetivo es claro: hacer que queramos repetir uno o más comportamientos.

En el caso de las adicciones el centro de recompensa queda “hackeado” y pasa a ser una herramienta que nos orienta a un único objetivo, haciéndonos perder el control sobre lo que hacemos.

Cuando la dopamina hace que algo te llame la atención, la mente se obsesiona por conseguir o repetir cualquier cosa que la haya activado.

Y lo más importante es que, aunque la recompensa nunca llegue, la promesa de alcanzarla, combinada con la creciente sensación de ansiedad al pensar en perderla, es suficiente para mantenernos enganchados.

La función principal de la dopamina no es hacernos felices, sino perseguir la felicidad. No le importa presionarnos un poco, aunque nos haga infelices en la búsqueda.

ANHEDONIA significa literalmente ‘sin placer’. Es un trastorno psicológico que consiste en una completa desconexión del deseo, que destruye las esperanzas y, a muchos, las ganas de vivir. Sucede cuando el sistema de recompensa no se activa. Curiosamente el resultado no es una profunda satisfacción, sino la apatía.

Aunque nos metamos en problemas cuando confundimos el deseo con la felicidad, la solución no está en eliminar el deseo. Una vida sin deseos tal vez no exija tanto autocontrol, pero no vale la pena vivirla.

EL TEST DEL MALVAVISCO realizado con niños de cuatro años demostró que mientras más tiempo fueron capaces los niños de esperar para recibir el malvavisco, más habilidad tuvieron para controlarse y lograr sus metas en el futuro. Como adultos tenían mayor tolerancia al fracaso, más habilidades sociales, porque tenían la capacidad de esperar para recibir un premio o gratificación.

 

La promesa de recompensa no nos garantiza la felicidad, pero la falta de la promesa de recompensa sí que garantiza la infelicidad. Si queremos controlarnos, debemos distinguir las recompensas reales que le dan sentido a nuestra vida, de las falsas que nos mantienen distraídos y adictos.

 

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APRENDER A CAER, PARA PODER VOLAR

Los que practicamos deportes de riesgo aprendemos desde muy pronto a caernos adecuadamente. Ésta es una parte muy importante del aprendizaje, porque sabemos que para poder progresar y superarnos a nosotros mismos tendremos que afrontar esas situaciones sin miedo y manteniendo el autocontrol en todo momento.

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Pero fracasar, o “caerse”, sigue siendo un estigma. Culturalmente nos educan para sentir desprecio, o indiferencia, que es aún peor, por aquellos que no son capaces de tener los éxitos sociales y profesionales esperados. Una tendencia que se agudiza en un mundo cada vez más global y competitivo.

Esto hace que sintamos miedo de fracasar y que, en ocasiones, dejemos de hacer lo que deseamos por temor a decepcionarnos y sentirnos mediocres. Estas conductas evitativas nos alejan de quien queremos ser y de cómo queremos vivir.

La única forma de aprender y mejorar es caerse, perder el miedo a equivocarse y aceptar la posibilidad de que las cosas no salgan como deseamos.

Cuando miramos atrás, solemos arrepentirnos de las decisiones tomadas porque nos gusta fantasear con la bondad de las opciones que no elegimos. Así fantasea nuestra mente de forma irracional, pero esto no es más que una distorsión de la realidad, un análisis demasiado simple e imperfecto de lo que conlleva vivir, tomar decisiones o asumir riesgos.

Nadie se atrevería a iniciar un nuevo reto en el que puede fallar, si cree que no puede permitirse  errar. Por eso el miedo al fracaso paraliza nuestras vidas.

Sin embargo fracasar puede también motivar al esfuerzo y fortalecer la resistencia. El fracaso nos ayuda a desarrollar tolerancia a la frustración.  Tal vez, sea mejor fracasar que vivir frustrado.

El fracaso significa remover todas las capas de lo intrascendente porque cuando fracasas te liberas de tu mayor temor y es así como tocar fondo puede ser la base sólida en la que construir una vida.

No podemos olvidarnos que es imposible vivir sin fallar, si lo hacemos, si intentamos no fallar en nada, entonces viviremos con tanto cuidado que entonces no viviremos del todo.

El fracaso puede darte la fuera necesaria, te enseña que puedes sobrevivir. Puede ayudarte a conocerte a ti mismo y darte cuenta de tu fuerza interior. Incluso puede ayudarte a darte cuenta de que tienes amigos y personas que te quieren.

La vida es difícil y compleja. Reconocerlo nos permitirá afrontar cualquier adversidad y permitirnos equivocarnos.

Si uno teme todo el tiempo fracasar, ha focalizado su atención en la dirección equivocada. Hay que cambiar ese punto de vista y redirigir la mirada hacia el éxito, considerando el fracaso no como un obstáculo, sino como parte del camino. En la vida, -dice Maxwell- no es importante saber si tendremos problemas, sino, si tendremos la capacidad de hacerles frente y de superarlos.

¡Recuerda que la fórmula del éxito en cualquier actividad consiste en levantarse una vez más de las que uno cae! N+1=Éxito

“Lo que logramos internamente, cambiará nuestra realidad externa”   Plutarco

Bibliografía recomendada :”El lado positivo del fracaso” de John C. Maxwell.

ACEPTAR LA IMPERFECCIÓN PARA SER AUTÉNTICOS Y REALES

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Si tuviéramos el coraje de aceptarnos como imperfectos y necesitados de los demás, para enfrentar las dificultades y salir adelante, entonces, aceptaríamos que somos vulnerables.

La vulnerabilidad es la capacidad de reconocer con coraje quiénes somos realmente, así como reconocer la necesidad que tenemos de los demás, de estar conectados, de ser aceptados y comprendidos por otros.

Intentar tener siempre la razón, creer que mi vida está siempre perfectamente controlada, que no tengo la culpa de nada, que tengo la certeza y respuesta para todo siempre, culpar a los demás, es una forma de evadir el dolor y la incomodidad.

Las personas que tienen sentido de la dignidad, son aquellas que tiene un fuerte sentimiento de amor y pertenencia. Sin embargo, los que luchan por mantener la dignidad, están preguntándose siempre si son suficientemente buenos.

Tener coraje consiste sencillamente en ser amables con nosotros mismos primero para serlo también con los demás. Es ¡tener el coraje de ser imperfecto!

Ser capaz de renunciar a quienes pensábamos que debíamos ser, para ser lo que somos (Ésta es la manera de ser auténticos).

La vulnerabilidad es el núcleo de la vergüenza y del miedo. De nuestra lucha por la dignidad. Pero también es donde nace la creatividad, el amor, la pertenencia, la compasión o la ternura.

¿Por qué luchamos contra nuestra vulnerabilidad?

Una manera de enfrentarse al mundo es insensibilizarnos ante nuestra propia vulnerabilidad y la de los demás, fingiendo que no existe, rechazándola o negándola.

Pero no podemos silenciar la pena, la vergüenza, el dolor, el miedo, la decepción. No podemos insensibilizar selectivamente esos sentimientos sin insensibilizar otros sentimientos como el amor, la compasión, la ternura o la gratitud.

 “Eres imperfecto y estas hecho para luchar, pero también eres digno de amor y pertenencia”

No olvidemos entonces, que todo lo que hacemos tiene efecto en los demás, por eso para conectar con otros, debemos ser auténticos y reales en vez de fingir ser perfectos. Debemos dejar que nos vean, debemos dejarnos ver…tal como somos: VULNERABLES.

Hay que amar con todo el corazón aunque no hayan garantías.

Y a ti ¿Qué te hace sentirte vulnerable?

 

Te invito a escuchar y ver esta hermosa conferencia donde Brené Brown explica su investigación acerca de la “Vulnerabilidad”.

 

 

 

 

MI ARMADURA (Mecanismos de defensa)

caballeroLos mecanismos de defensa son como armaduras que crean nuestra mente para protegernos del sufrimiento o manejar la ansiedad y mantener nuestra autoimagen.

Los empleamos para defendernos de emociones o pensamientos que producen ansiedad, sentimientos depresivos o una herida en la auto-estima.

Los mecanismos de defensa son una parte normal del funcionamiento de nuestra mente y sólo se les considera patológicos cuando se abusa de ellos o cuando son demasiado rígidos.

Estos mecanismos fueron propuestos por Sigmund Freud desde el paradigma del psicoanálisis. Se les suele clasificar como primarios (desarrollados en la infancia) o secundarios (desarrollados en épocas posteriores) y existen muchas clasificaciones. Algunos de ellos son:

LA REPRESIÓN:  

Es el proceso que mantiene a las cosas (particularmente a los impulsos inaceptables) fuera de la conciencia.

La represión permite eliminar los sentimientos de dolor o ansiedad, pero si se utiliza en exceso tiene su costo, ya que hay que emplear gran cantidad de energía para mantener los eventos rechazados inconscientes

Por ejemplo: la semana pasada hizo algo de lo que se avergüenza, trata de no pensar en ello y a la larga puede incluso no ser capaz de recordarlo.

LA NEGACIÓN:

Consiste en negarse a creer que el acontecimiento amenazante o aversivo ocurrió o que la condición existe. La negación es igual en muchos aspectos a la represión: ambas mantienen fuera de la conciencia cosas que el individuo se siente incapaz de afrontar.

Un ejemplo es la madre que se niega a admitir que su hijo murió en combate y sigue actuando como si estuviera vivo.

296c73c4d8591c5c2d6540dbd052cc54LA PROYECCIÓN:

Es el mecanismo mediante el cual un individuo atribuye a otro sus propios impulsos y deseos inaceptables y de esa forma se los oculta a si mismo.

Ejemplo: La mujer que le atrae sexualmente un hombre por el que no debería tener esos sentimientos y a quien acusa de querer seducirla.

EL DESPLAZAMIENTO:

Consiste en cambiar el objetivo de un impulso, esto suele suceder porque el blanco elegido resulta amenazador y al cambiarlo se reduce la ansiedad.

Por ejemplo: la estudiante que está furiosa con un profesor y descarga su agresividad sobre su comprensivo novio evitando la ansiedad que surgiría si atacase realmente al profesor.

PARA COMPLETAR ESTA ENTRADA DE MI BLOG, LES RECOMIENDO QUE ESCUCHEN EL SIGUIENTE CUENTO DE ROBERT FISHER O LO ADQUIERAN EN FORMA DE LIBRO: 

 

CEREBRO EMPÁTICO

Hombres y mujeres no procesan por igual la visión de rostros con expresiones felices o tristes. Ante rostros tristes o con expresión de dolor, el cerebro femenino responde con más intensidad al estímulo.

Entendemos a los otros, no sólo por situarnos en su lugar, sino también porque somos capaces de contagiarnos de lo que sienten. Sentir las mismas emociones que otros, aporta un talento extraordinario para la integración y la comunicación con los demás.

Ante la visión del dolor infligido a una persona querida, se activan sus mismos centros afectivos del dolor físico. Estos dolores permiten, especialmente a las mujeres, sentir compasión.

A través del rostro podemos expresar toda nuestra riqueza afectiva, leer los pensamientos, hacernos cargo de la situación interior de la persona o reconocer sus deseos e intenciones. La empatía implica a las mismas estructuras neuronales que procesan nuestras propias experiencias, de forma que compartimos inconscientemente los mensajes emocionales de los demás.

Al ver el rostro de una persona de la que sabemos que juega limpio, activamos la red neuronal de recompensa emocional, lo contrario que el rostro del tramposo insolidario, que nos produce poco efecto en el cerebro.

Todo ello nos lo explican en este interesante documental:

LA DEPRESIÓN (Es como un perro negro)

La tristeza es una emoción que tiene su origen en la pérdida de algo querido y tiene una función: la de pedir ayuda.

En ocasiones esa tristeza se apodera de nuestros días durante mucho tiempo y es entonces cuando transcurridos seis meses llamamos al problema: DEPRESIÓN.

La depresión reactiva es cuando se conoce la causa que la ha originado, si no se conoce se suele decir que es una depresión endógena (hay personas que desde su nacimiento tienden a ser más depresivas por una cuestión de personalidad o anatómico cerebral).

La anhedonia es la incapacidad para experimentar placer, la pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades. Este es el síntoma más claro de la depresión.

La teoría de la desesperanza, estipula que el problema es la pérdida de la esperanza, de conseguir lo que queremos. La indefensión aprendida se refiere a la condición de un ser humano o animal que ha “aprendido” a comportarse pasivamente, con la sensación subjetiva de no poder hacer nada y que no responde a pesar de que existen oportunidades reales de cambiar la situación.

Para mejorar esta situación se debe programar actividades y asignar tareas gradualmente.

La actividad devolverá a la persona a la sociedad conectándole con su entorno. El ejercicio y el deporte le proporcionarán endorfinas (antidepresivos naturales del cerebro). Esta activación también ayudará a restablecer el ciclo de sueño-vigilia.

Es importante que la persona deprimida entienda que no debe esperar a sentirse bien para comenzar a activarse. Es al revés, se empezará a sentir mejor a medida que active su mente y su organismo. Por eso debe coger su tristeza, su desgana, su apatía y salir a pasear con ellas. Puede empezar gradualmente con actividades o tareas que le resulten más fáciles y breves para pasar poco a poco a otras que conllevan más tiempo y más constancia.

Enseñar y practicar la asertividad, como habilidad social, será importante tanto para aprender a decir no como para expresar necesidades y buscar ayuda y apoyo.

Es importante también detectar los esquemas y pensamientos negativos, que están distorsionando y exagerando la realidad. Se practicará el entrenamiento en observación y registro de pensamientos, demostrando al paciente la relación entre cognición, afecto y conducta ( Según como pienso, luego siento, luego actúo).

Los medicamentos antidepresivos son muy fiables aunque deben administrarse con una supervisión médica, como complemento de la psicoterapia durante un tiempo no muy prolongado, ya que tienen efectos secundarios importantes  y solo disminuyen los síntomas.

La depresión es frecuentemente el resultado de un estilo de vida y unos hábitos que generan malestar, insatisfacción y tristeza, por ello es importante modificar el entorno tomando decisiones y responsabilizándose de la vida que uno lleva.

Si crees que llevas demasiado tiempo conviviendo con tu tristeza pide cita con un psicólogo. No te resignes. Es la mejor prevención ante futuros intentos  de suicidio o soluciones drásticas e inadecuadas.

EL ESPANTAPÁJAROS Y LA DESIDIA

Puede que en estos momentos te suceda como a este espantapájaros:
Tal vez estés cansado y envuelto en una atmósfera de desidia e inercia, siendo infeliz, pero con un sueño en la lista de espera, aguardando el momento perfecto para que se cumpla.

No existe el momento perfecto. A veces, simplemente, hay que atreverse a saltar al vacío y dar un paso al frente.

¿Qué se interpone entre tú y tus sueños?

El mundo necesita gente que ame lo que hace y tú necesitas hacer cosas que te ayuden a ser “la mejor versión de tí mismo”.

Por eso los retos nos permiten descubrir y potenciar nuestros talentos. Sólo cuando salimos de nuestra zona de confort y asumimos riesgos, aflora nuestra creatividad y resiliencia.

La vida es una oportunidad para crecer, experimentar, evolucionar y ser mejores. 

No la contemples… Construye, participa, proyecta, busca, toma decisiones, ¡Arriésgate!